Mostrando entradas con la etiqueta seminci. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta seminci. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de octubre de 2014

Carta del director a la 59 Seminci, por Javier Angulo

En estos días en los que empieza a ganar terreno la idea importada de que la Cultura (con Mayúscula) es para quien la pague o se la pueda permitir, reivindicamos, más que nunca, el principio de que la Cultura es un bien público y un servicio al ciudadano, que los poderes políticos y económicos deberían asegurar. La Cultura era, y debe seguir siendo,parte de ese Estado del Bienestar, que nos dimos los países desarrollados tras la Segunda Guerra Mundial y que incluye también el derecho a la educación y a la sanidad para todos.

Hoy ese Estado del Bienestar está quebrado y corre peligro de desaparecer si la Cultura no nos ofrece, a través del arte, ese alimento básico para hacernos más llevadera, amena y rica la vida diaria.

El cine es esa parte del arte y de la cultura que ha nutrido a generaciones enteras de europeos y españoles y nos ha permitido entender mejor los cambios sociales y tecnológicos que en un solo siglo se han producido. Películas de cine que nos han permitido ver reflejadas en la pantalla sueños, anhelos, dudas y frustraciones y, por tanto,  sentirnos iguales a muchos ciudadanos del mundo. El cine es un bien artístico a proteger por los estados pues, además de arte y negocio, es el reflejo de una manera de pensar y sentir de un pueblo y un escaparate de su identidad cultural.

La difícil situación del cine español, con el consumo en salas en descenso y la producción mermada por la revolución tecnológica, la piratería y el abusivo iva del 21%, hace muy difícil su futuro. Es responsabilidad de quienes gobiernan no dejar que se hunda una industria de la que hasta hace unos años vivían directa o indirectamente en España 150.000 personas y que a muchos nos hacía sentir orgullosos de nuestro país y nuestra cultura. Y ahora, que estamos empeñados en potenciar la marca de España por el mundo, no olvidemos que la industria audiovisual es la que goza de una mayor visibilidad.

Espero que la selección de películas que hemos hecho para esta 59 edición les mueva a seguir amando el cine, en especial el de autor, y defendiendo su influencia como Séptimo Arte y como escaparate de identidades y culturas de todo el mundo. Por favor ¡¡llenen las salas de cine de Valladolid!! Ésa será la mejor contribución para la defensa del cine y de este festival. 

Javier AnguloDirector de la SEMINCI

viernes, 25 de octubre de 2013

La Seminchi de Léolo, por Luis Martínez

Nunca he conseguido pronunciar bien Seminci. Me sale Seminchi. Suena más veneciano, más lejano, mejor. Más cursi, quizá. Recuerdo que en 1992, el mismo año en el que me iniciaba en esto del periodismo (ya es mala pata), el festival más italiano que ha dado España premiaba una película irresistible con su Espiga de Oro: Léolo, de Jean-Claude Lauzon. Y desde entonces, me cuesta recordar nada sin Léolo. Pocas películas tan difíciles de despegar de la memoria. Da lo mismo lo que se recuerde, Léolo siempre está ahí. Y de su mano, claro está, la Seminchi.

En Léolo se escuchan frases como "Mi madre, que navegaba como un gran barco en el mar de la locura". En Léolo una voz te habla constantemente desde el fondo de la pantalla. Cuesta entenderla. No se sabe si es la del director, la del chaval que pelea por huir de lo que le rodea o la del destino que barrita, como los elefantes heridos, todo su malestar. Hasta que uno cae en la cuenta de que la voz no es de nadie y es de todos. También es mía.

En Léolo lo imaginado, lo soñado y la más mostrenca de las realidades se mezclan en un extraño y espeso humo donde es difícil distinguir lo cierto de lo engañoso, el drama de la comedia, el cine de lo otro. Léolo es la mejor introducción al cine que se pueda desear. Y con Léolo siempre me viene el recuerdo agradecido a la Seminchi. La Seminchi, Léolo, el cine, todo lo mismo.

En 1997, cinco años después, cuando lo del periodismo ya no tenía remedio (ya es mala pata), me enteré de la muerte en accidente aéreo de Lauzon. Léolo era su única película. Qué bello y qué injusto. Eso hizo que Léolo me doliera aún más. Y, justo en ese momento, por asociación de recuerdos, también me empezó a doler la 'Seminchi'. Y el cine. Sólo lo que duele importa.

Luis Martínez

jueves, 24 de octubre de 2013

Veinte años de emociones, de Andrés Arconada

Veinte años no es nada, como dice el bolero, pero parece que fue ayer cuando asistí por primera vez a la SEMINCI. En esta 58ª edición estoy por la labor de recordar lo que ha sido para mí una cita obligada y gozosa a este festival. Aún recuerdo, como si fuese ayer, aquella primera vez porque era una cita ansiada.
Por aquel entonces yo ya había asistido a otros festivales pero nunca a éste, hasta que llegó la invitación. La ilusión por ver de cerca un certamen donde se habían descubierto tantas buenas películas y directores, que luego se hicieron célebres, o sorpresas cinematográficas, que posteriormente tuvieron una gran repercusión en taquilla, hacía que aquella primera cita fuese especial. Y tanto que lo fue, porque además de todo eso me encontré con un festival dinámico y cercano donde había tiempo para hablar y comentar con los propios protagonistas la obra expuesta, discutir con tus colegas la jornada del día, y ver el esfuerzo y la ilusión de todos los que trabajaban para sacar adelante el certamen.

Desde entonces siempre y cada vez que se aproximan estas fechas se me produce en el estómago un hormigueo constante por saber con qué me voy a encontrar. Y lo mejor de todo es que sé que me iré sin ninguna decepción. A pesar de los tiempos que corren, y como dice su actual director mi querido Javier Angulo, Valladolid volverá a ser el reducto donde contemplar cine de autor, tanto de consagrados como de aquellos por descubrir. En un momento en el que las salas cierran y en las que quedan apenas se ve este tipo de cine, la SEMINCI es un lujo que los aficionados al cine no nos podemos perder. Así que estoy esperando llegar a la recepción del Hotel Olid Meliá porque al igual que hace veinte años empieza la aventura que sé que tendrá un final feliz, el del año que viene, con una nueva edición, la 59ª. Pero esa será otra historia.

Andrés Arconada

miércoles, 23 de octubre de 2013

Mahler en los Mantería, por Oskar L. Belategui

La Seminci son veinte años cruzando la Plaza Mayor después de salir de la última sesión de los Roxy a la rasca castellana. Veinte años de entrevistas en el Olid, con sus dorados setenteros, moqueta e hilo musical –el día que lo reformen nada será lo mismo– y veinte años de cafés con barra de mármol y ‘El Norte de Castilla’ de mano en mano. De acuerdo. Valladolid no tiene la Concha ni su alfombra roja causa alboroto. Pero después de la vorágine donostiarra, la Seminci permite trabajar de manera más humana y recuperar lo que se ha escapado de Cannes, Venecia o Berlín. El director es la estrella. La Seminci, digámoslo ya, siempre ha sido mi festival favorito.

Solo aquí he salido traspuesto después de ver el mismo día Una historia verdadera y El show de Truman. ¿Ken Loach? ¿Mike Leigh? ¿Takeshi Kitano? ¿los Dardenne? A todos los descubrí en Valladolid y profundicé en su filmografía gracias a libros modélicos editados por el festival, como aquella maravilla con las escenografías de Alexandre Trauner o el que este año se dedica a Paul Schrader. Solo aquí he tenido a Arthur Penn y a Paul Auster a mi disposición. Solo en el teatro Calderón Stanley Donen ha bailado claqué. Solo aquí he enlazado una tras otra las películas de Luchino Visconti y he recorrido el camino de los llorados Renoir Mantería al Felipe IV con el ‘Adagietto’ de Mahler todavía en mi cabeza. Larga vida a la Seminci.

Oskar L. Belategui 

Oskar L. Belategui es redactor de Cultura y crítico de cine del Diario EL CORREO.

martes, 22 de octubre de 2013

¡Ay la Seminci!, por Javier Tolentino

No hay festival de cine que esté mejor alojado en mi memoria y en mi corazón que La Semana de Cine de Pucela, aquí nació y fundamos El séptimo vicio en 1999 y en Valladolid nos hemos ido forjando y depurando en las vanguardias y en los cineastas que han ido dando un pasito importante en esto de formar al espectador en otros cines posibles. A la hora de recordar momentos importantes de nuestra biografía compartida es ineludible que debo recordar ese ciclo importante que Valladolid dedicaba a Abbas Kiarostami, que comenzaba con la proyección de El sabor de las cerezas y continuaba con una exposición de fotografía fascinante del maestro iraní. Si el cine iraní era objeto de debilidad de La Semana, no era menos el cine que venía de Canadá, con Atom Egoyam y su Exótica, El viaje de Felicia o El dulce porvenir, un cine de este cineasta canadiense de origen armenio y que Valladolid nos mostró el camino para amar su obra. Difícil ir seleccionando momentos y ahí, en los instantes, no podemos olvidarnos de varios: el protagonizado con Liv Ullman, la musa del cine de Bergman en casa que nos impresionaba su amor por el cine, su pasión por el cine y su debilidad por el mejor cine de la historia del séptimo arte... Por las calles de Valladolid nos encontramos Paul Auster, con Costa-Gavras y con Aki Kaurismako.... Imposible en un puñado de líneas construir lo muchísimo que nos ha proporcionado La Semana de Cine de Valladolid, tan sólo decir que ese sonido de las tazas del café, la niebla en los días de frío, la atmósfera del enorme respeto que el público entendido de la ciudad mantiene en las proyecciones y el ambiente periodístico y cinéfilo se alojó para siempre en nuestra memoria y en nuestra pequeña biografía. Gracias a este festival sabemos un poquito más de ese cine periférico y posible por el que siempre hemos apostado.

Javier Tolentino

lunes, 21 de octubre de 2013

Seminci, un festival de tamaño natural, por Conxita Casanovas

Valladolid huele a cine.

Después de muchos años de haber oído hablar de la Seminci con fervor casi religioso por parte de críticos que la frecuentaban y de tenerla mitificada, pude comprobar personalmente qué tenía este Festival que lo hacía querido y particular y sobre todo que lo había hecho perdurar en el tiempo. Eran otros tiempos y se iban incorporando novedades y nuevos elementos pero el certamen, contra viento y marea, mantenía su personalidad.

Siempre he pensado y digo que la Seminci se desmarca de otros festivales porque te permite hablar relajada y acompasadamente del cine que nos apasiona. A mí me ha dado la oportunidad de mantener conversaciones, sin cronómetro, que es lo que ahora se estila, con directores interesantísimos como Atom Egoyan o Costa-Gavras, o simpatizar con Paskaljevic, celebrando sus Espigas de Oro que el hombre nos mostraba orgulloso en el ascensor del hotel. Inolvidable fue la noche en que el  chileno Matías Bize se convirtió en el más joven ganador del certamen, un subidón increíble. Fue una noche vibrante, con todos aquellos novios que le salieron de repente y le hacían proposiciones. O cuando Gerardo Olivares se convirtió en el primer ganador español, en otra edición para la historia. 
Y llegar al aeropuerto y helarte a dos bajo cero, una temperatura que olvidabas en cuanto entrabas en contacto con la calidez de los vallisoletanos. Estoy pensando en Angélica, que espera mis puntuaciones para El Norte de Castilla. Para mí Valladolid es deshojar la margarita, el me gusta, no me gusta, a la salida del cine.

Y qué decir de los sofás del Olid, siempre tan bien ocupados, donde los grandes popes del cine debaten los temas más diversos. Entre mis recuerdos de Seminci, la ahora flamante finalista del Planeta Ángeles González Sinde saltándose el protocolo de Ministra de Cultura para sentarse a charlar con nosotros; las  sobremesas con el hoy presidente de la Academia de cine, Enrique González Macho en el "El caballo de Troya", donde nos contaba cómo se inició en el duro negocio del cine; conversaciones de madrugada con grandes actores y mejores personas, María Barranco por ejemplo, o la posibilidad de estrechar amistad con Mar Targarona o Luisa Matienzo, productores, con los que en casa sólo cruzas unas palabras porque las prisas no nos permiten detenernos demasiado.

Charlas con uno de los escritores más cinéfilos que conozco, Gustavo Martín Garzo, siempre un placer escucharle. Los clásicos de fútbol, Barça-Madrid, compartidos con la gente de cine más futbolera. Sin duda, grandes momentos que van unidos a un Festival al que Javier Angulo y su encantador y eficaz equipo han revolucionado en el mejor sentido de la palabra. Si algo puede resumir todo lo dicho y lo no dicho, es que la Seminci tiene carácter.

¡Ah! Y sé que este año andarán por ahí para apoyarnos los fantasmas de Beatrice Sartori y el amigo Galiardo, y Sancho Gracia, entre otros que nos han dejado y que nos acompañarán plácidamente. 

Conxita Casanovas



viernes, 18 de octubre de 2013

Jacques Audiard: una mirada diferente

Jacques Audiard es para mí, sin duda, un caso aparte entre los grandes directores franceses actuales. Su cine es diferente porque su mirada es diferente. Una mirada nada complaciente, desesperanzada, con el mundo que nos rodea y con quienes lo ocupamos. Un cine austero, realista, rasposo, tendiendo a oscuro, pegado a la tierra, donde abundan los ambientes marginales, cuando no sórdidos. Un mundo de perdedores (son mayoría en nuestro mundo real) en el que sentimientos como el amor o la generosidad no se venden como recetas mágicas. Un cine que te remueve los sentidos y los sentimientos, que nunca te deja impasible. Un cine bien rodado, con pulso, con ritmo, con ambición y sin concesiones retóricas, basado siempre en una historia contudente.

Empezó siguiendo la carrera de su padre, el popular guionista francés Michel Audiard (Maigret, Babette se fue a la guerra). Escribió algunos guiones -básicamente thrillers- para otros directores como Claude Miller o Michel Blanc y siempre ha escrito el guión de sus películas. Trabajó también como ayudante de dirección y de montaje (La locataire, de Polanski) y luego como realizador desde los 20 años. Sin embargo, no fue consagrado a nivel internacional hasta que en 2009 estrenó Un profeta, con la que ganó la Palma de Oro en Cannes, una treinta de premios internacionales y fue candidato al Óscar a la mejor película de habla no inglesa. Tenía ya 57 años y llevaba 15 como realizador.

Su debut se produjo en 1994 con Regarde les hommes tomber, protagonizada por Jean Louis Trigtinan y Matthieu Kassovitz.  Logró el César al mejor director novel. Con Un héroe muy discreto (1996), también de la mano de Kassovitz, logró muy buenas críticas y premios, entre ellos el de mejor guión en Cannes y Espiga de Plata en la SEMINCI. Mantuvo el interés de la crítica en 2001 con Sur mes levres y Vincent Cassel, y alcanzó el reconocimiento generalizado en 2005 con De tanto latir mi corazón se ha parado, película que estuvo entre mis favoritas aquel año.

Aquella película rara, especial, valiente y llena de sentimientos, estaba protagonizada por Roman Duris, otro “actor fetiche”, como lo han sido Kassovitz, Vincent Cassel y lo va a ser, seguro, el belga Mattias Schonaerts, protagonista de De óxido y hueso, su última película, premiada en Cannes 2012 y ganadora del premio al mejor director y al mejor guión (ex equo con el guionista Bidegain, coautor también de El profeta).

Todos los actores citados, al que hay que añadir el que protagonizó El profeta, Tahar Rahim, no son ni muy guapos ni feos; son tipos con el atractivo que confiere personalidad, con presencia, con “temperatura”; actores de rostros angulosos, de rasgos marcados, que sirven perfectamente para dar vida a tipos canallas, “malotes”, perdedores, pero con sentimientos tan verdaderos como profundos y difíciles de mostrar.

Un tipo muy especial Audiard. Esperemos que siga haciendo películas que nos impacten y que nos hagan sentir que hay otra forma de ver este mundo y de contar las historias. En Valladolid podría darnos alguna de sus claves durante su estancia en la ciudad para recibir, como la estrella del cine europeo que es, la Espiga de Oro de Honor de SEMINCI. 

lunes, 23 de septiembre de 2013

A las puertas de la 58ª Seminci, reivindicamos el cine de autor

En estos días en que la crisis económica, con la reducción de la asistencia a los cines, agravada por un abusivo IVA del 21 por ciento, y la obligación de afrontar la muy cara renovación tecnológica, están llevando al cierre sistemático de salas de cine, reivindicamos, más que nunca, la existencia del cine independiente y de autor, principal afectado por la situación.

Reivindicamos más que nunca el cine intimista, el cine hecho con pocos medios pero con dignidad, ambición y verdad. Ahora que peligra la presencia de ese tipo de cine en las salas, porque se cierran o porque los empresarios prefieren no correr riesgos con la taquilla, reivindicamos un cine que sirva para algo más que para entretener.

Hace ya tiempo que los distribuidores españoles se quejan de que no les salen las cuentas cuando importan una película de autor europea. A la merma en la taquilla se suma la práctica desaparición en los canales de televisión (incluidos los públicos) de las películas independientes y de autor, en favor de las películas espectáculo de los grandes estudios norteamericanos.

Y si desaparece ese tipo de cine de nuestras pantallas desaparecerá en años el cine en versión original, con una presencia cada vez más simbólica hoy en la cartelera.

Y desaparecerá también el gusto por un cine capaz de contar historias que apelan a nuestros sentimientos, disparan nuestros sentidos y nos ayudan a conocer mejor al ser humano. Y una parte importante de realizadores españoles se verán seriamente afectados porque no tendrán pantallas donde mostrar su cine, al margen de Internet.

Por ello, los amantes del cine independiente y de autor van a necesitar de esos escaparates únicos en que se están convirtiendo festivales como SEMINCI. Como fuimos y seguimos siendo en España el festival de cine de autor por antonomasia, reivindicamos ante ustedes y las autoridades culturales españolas el sentido de nuestra existencia y la importancia de un apoyo cerrado y sincero.

Este año queremos hacer un guiño especial a los niños y a los jóvenes, a quienes abrimos el festival para que puedan ver películas de estreno, que tienen que ver con el despertar a la vida, a los afectos y a los sentimientos. Películas que les ayuden a descubrir su propia identidad y a entender el mundo que les rodea.

Y con ello pretendemos inocularles el virus de la pasión por otro tipo de cine, por el consumo del cine en sala y en compañía. Volver al concepto del cine como acto social, cultural y de libre debate de ideas podría ser una de las claves para un futuro más esperanzador para el cine que amamos.

jueves, 5 de septiembre de 2013

'Cine gourmet', por Javier Angulo, en la revista Academia

"Ahora que, tristemente, asistimos al continuo cierre de salas de cine, acuciados los exhibidores por la escasa asistencia, por un IVA abusivo y por una obligada y cara renovación tecnológica (la alta definición), festivales como Seminci deben ser cita necesara para ver un cine de autor que resulta cada vez más escaso en carteleras y parrillas de televisión".

Así comienza el artículo que firma Javier Angulo en el número de septiembre (el 32) de la revista Academia. Entre la nostalgia de sus experiencias en la Semana Internacional de Cine de Valladolid como espectador ("Recuerdo como glorioso el día de la Seminci de 1995 en el que asistí al estreno de Afliction, de Schrader"), y un breve pero completo repaso a la programación de este año, el director de la Seminci invita a participar y asitir a un festival que a lo largo de sus 58 años de historia se ha caracterizado por apoyar el cine de autor.

Para leerlo completo, nada mejor que su propio espacio (la revista Academia, página 30), donde el texto de Javier Angulo se encuentra arropado por otros (reseñas y entrevistas) de, precisamente, algunas de las películas que participarán en la 58ª Seminci.

¡Bon appétit!

jueves, 18 de abril de 2013

Un gran aliado del cine de autor y de Seminci, en peligro de extinción

Si nadie lo remedia (los milagros son cada vez más difíciles en nuestro país) en unos días se consumará una de las mayores tragedias imaginables en la cultura de España y del cine en particular: el cierre del 90 por ciento de las salas de exhibición de Alta Films, empresa de la que es propietario Enrique González Macho, a quien en la pasada edición de SEMINCI entregamos una merecida Espiga de Oro de Honor por su apoyo al cine de autor español y europeo, en general, y a  nuestro festival en particular. De las 200 salas de que disponía la empresa solo quedarán, en breve, unas 20, básicamente en Madrid capital y en Barcelona. Alta Films, empresa modélica en España en lo que a distribución y exhibición de cine de autor se refiere, mantenía una cadena de cines donde aún se podían ver películas en versión original y en las que nunca faltaban las mejores películas de cine de autor europeo y español.

González Macho, junto a su hijo Enrique González Khun y un gran equipo de profesionales, buscaba las mejores películas independientes, de autor, para distribuirlas en España, primero, y luego exhibirlas. En ocasiones incluso arriesgaban importantes cifras de dinero para participar en la coproducción de películas (sobre todo españolas) para hacerlas posibles, primero, para asegurarse su distribución y posterior exhibición. Y por encima del negocio, la familia y su equipo demostraban una y otra vez su amor al cine. Un tipo de cine distinto, especial, ambicioso en las formas y en el fondo, apegado a la realidad, un cine de sentimientos. Un tipo de cine que cada vez va a tener menos salas donde mostrarse y que, en algunos casos, dada su casi inexistente presencia en los canales de televisión, tristemente, va a quedar restringido a los festivales como el nuestro.

Pero, además, parece que Alta Films va a deshacerse de algunas películas que se había comprometido a distribuir en España. Títulos de primer nivel en lo que a cine de autor se refiere. Así, pues, se agranda la tragedia para los aficionados al cine de autor. Un mercado en el que, junto a Alta Films, resisten otros “héroes del momento”, como Golem, Vértigo Films o Wanda Films, entre otros, también buenos aliados de SEMINCI a los que animamos a perseverar en su actividad.

Hace ya muchos años que los representantes de todas las distribuidoras citadas, en un acto para medios de comunicación, anunciaron que su trabajo de distribución de cine de autor europeo y español estaba en peligro. Contaron ya hace muchos años que las cuentas empezaban a no salir ya que la inversión hecha con la importación de películas solo la cubrían si a las recaudaciones de las taquillas se unía el pago de los derechos por emisión de los canales de televisión. Denunciaron que las televisiones (entre ellas TVE), en una pugna salvaje por las audiencias, programaban cada vez mas películas comerciales (básicamente norteamericanas) y empezaban a no comprar cine europeo.

Pasados bastantes años, la situación, lejos de mejorar, ha empeorado. Es muy difícil ver cine de autor reciente en los canales de televisión españoles. Si estos no compran las películas de los distribuidores independientes, si (como afirma González Macho) bajan las ventas de las películas en DVD a causa de la piratería y si se desploman los taquillajes por la subida de los precios de las entradas, sobre todo por el brutal incremento del IVA al 21%, la situación no puede ser otra que  de inquietud y alarma. Sentimientos unidos a la pena, tristeza y rabia que nos produce la situación concreta de los amigos de Alta Films.

Es tiempo de ánimos, de destacar lo mucho que les debemos y  nuestro agradecimiento más sincero.